El mejor método diagnóstico que existe es la autopsia.
Hace ya cuatro años un grupo de inmobiliarios de la provincia de Toledo, que fue una de las más afectadas por la crisis en cuanto a promociones se refiere, decidimos unirnos para crear una MLS en la provincia, para lo cual organizamos una jornada a la que asistió amablemente F.G. Erviti y a la que asistieron unas 20 inmobiliarias de unas 170 que había en la provincia.
Después de la hecatombe, quedamos sólo tres en ese grupo las “cucarachas” que habíamos sobrevivido al desastre. Como si de una película de ciencia ficción se tratase decidimos salir a ver si había más supervivientes en la zona y así fue como contactamos con otras inmobiliarias que habían resistido el envite.
La verdad es que la experiencia fue bastante desmotivadora. Nos encontramos mucha resistencia y lo que es peor nos encontramos con la percepción por parte de los visitados de que éramos una especie de visionarios o, peor aún, de vendedores de biblias dominicales.
Nos reuníamos con otras MLS nacionales como Afilia o Aina y sentíamos envidia porque al contarnos sus experiencias eran casos de éxito y el nuestro no llegaba a caso. Muchas han sido las conclusiones a las que he llegado a partir de las respuestas que obtuvimos en ese pequeño tour, pero me gustaría destacar una:
Las inmobiliarias que sobrevivieron, y hablo de esa zona en concreto, lo hicieron porque llevaban muchos años en el mercado y tenían un colchón importante que les permitía resistir aunque no vendieran un clavo, pero que no tenían ninguna capacidad de adaptarse a la nueva situación. No quiero decir con ello que la MLS fuera la panacea o que sólo sirviera en caso de crisis galopante como la que sufríamos. Quiero decir que no se puede echar mano siempre de la responsabilidad exógena al identificar los elementos causantes de una situación. Quiero decir que probablemente muchos de los que nos llamamos inmobiliarios deberíamos hacer introspección y ver si somos capaces de pescar en un sitio que no sea una piscifactoría.